Isla de plástico

Isla de plastico. No estamos hablando de la nueva serie de Antena 3, estamos hablando de una realidad. Millones de toneladas de plástico llegan al mar cada año, una cantidad que el planeta no puede digerir. El uso irresponsable de este material no permitirá a las generaciones futuras conocer playas y mares sin contaminación plástica porque los océanos del mundo se han convertido en el destino último de estos residuos, en auténticos vertederos. Está en nuestras manos cambiar esta situación cuidando nuestros hábitos de consumo.

Hablemos de cifras. En Estados Unidos cada cinco minutos se tiran 2 millones de botellas de plástico que equivalen a 8 campos de fútbol cubiertos. Y esto corresponde únicamente al 5% de la población mundial.

Manuel Maqueda, fundador del sitio web El Plástico Mata y Plastic Pollution Coalition, una agrupación de 150 organizaciones de todo el mundo con la intención de concienciar sobre los efectos del plástico en nuestro ecosistema, explica: «El problema no es el plástico en sí, el problema es el mal uso del plástico, el uso irresponsable. Antes de crear esta coalición, la historia del plástico era un problema de gente sucia que tiraba el plástico fuera de la basura, pero no es esa la historia. La historia es que es un mal diseño. Si nosotros creamos un objeto como la bolsa de plástico, que es una pesadilla ambiental, y la convertimos en un producto masivo en todo el planeta es un problema de mal diseño, no de que la gente tire la bolsa donde no debe ir». Este material, que puede llegar a tardar hasta 1.000 años en descomponerse, se ha utilizado para productos que solo se usan unos minutos.

Se calcula que cada año llegan entre 5 y 13 millones de toneladas métricas de residuos plásticos a los mares y tienen repercusiones directas en la vida marina. En esta isla de plastico el material eterno comienza a fragmentarse creando microplásticos que entran directamente en la cadena trófica.  «No hay un solo pez en el mar que no haya tenido algún encontronazo con el plástico», explica Manuel Maqueda. Además, el plástico tiene un comportamiento químico peculiar: atrae lo que es aceitoso y rechaza lo que es acuoso. Se convierte en una especie de esponja que atrae a todos los productos químicos que tienen este mismo comportamiento. De esta manera, «se abre una puerta para que estos productos tóxicos que estaban en el mar sin forma clara de entrar en la cadena trófica, al pegarse al plástico, encuentran una forma de incorporarse en la cadena alimentaria».

Así, la vida marina es la primera víctima de la entrada de plástico en los océanos. Celia Ojeda, Responsable de Océanos y Pesca de Greenpeace España explica que «los plásticos o microplásticos son confundidos con alimentos y acaban llenando el estómago matando a las especies o, por ejemplo, anulándoles la flotabilidad. Un ejemplo de esto es la confusión de las bolsas de plástico con medusas. Las redes de pesca, si se pierden y no se recuperan, se convierten en redes fantasmas que atrapan peces y otras especies que nadie recoge. Y luego están los enganches con basura, tipo las anillas de los packs de seis de latas o bolsas de plástico que los animales no se pueden quitar».

De esta manera, se crean las famosas islas de plastico y la cadena alimentaria se encuentra contaminada desde el pez más pequeño hasta el depredador más grande, lo que también tiene efectos en la salud humana. El fundador de El Plástico Mata asegura que «en España, uno de los países con más consumo de pescado junto a Japón, nos estamos envenenando. Hace unos años darle pescado a un niño era una cosa sana, ahora los médicos alertan a las embarazadas por la toxicidad de metales pesados». Manuel Maqueda explica que prácticamente el 100% de la población mundial está contaminada por Bisfenol A, incluso los recién nacidos. Un compuesto químico presente en el plástico que «el cuerpo humano reconoce como hormonas y altera el sistema endocrino del cuerpo humano, lo mismo que en los animales», explica Amaia Bilbao de Ecologistas en Acción, autora del informe Desengancharse del plástico en el que también se corrobora la terrible situación de los océanos a través de varios estudios científicos.

La cadena alimentaria se encuentra contaminada desde el pez más pequeño hasta el depredador más grande, lo que también tiene efectos en la salud humana

Miles de toneladas de residuos plásticos que acaban en el mar formando estas isla de plastico, principalmente por una mala gestión de las basuras que a través del actual sistema de reciclaje hemos intentado solucionar. Pero no es oro todo lo que reluce. Solamente el 26% de los residuos son realmente reciclados; el resto se incinera o acaba en un vertedero. «Tenemos un fraude a nivel global en el que hay un contenedor con unas flechas como en un círculo cerrado y que nos dicen: recicle, sea buen ciudadano. Hay campañas en televisión, se enseña a los niños en la escuela… ¿Cuál es la realidad? Que estos plásticos no se usan para hacer otros plásticos, no es verdad que se reciclen. Lo mejor que les puede pasar es que se incineren, se exporten a China o se conviertan en otros objetos que terminarán también en el vertedero. No existe el reciclaje de plásticos. Es todo una forma de lavar la conciencia de la gente para que nadie se cuestione este sistema de usar y tirar que es tan beneficioso para ciertas industrias», explica Manuel Maqueda. Un mito a escala global que impide que la población tome conciencia de la gravedad de la contaminación plástica en mares y océanos.

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Si el reciclaje se ha convertido en una manera de lavar nuestra conciencia, cada vez más la industria crea productos que por fuera aparentan ser “verdes”, pero por dentro siguen siendo un problema para el medioambiente. Los plásticos biodegradables se han vendido como una solución a los problemas que produce este material, un espejismo lejos de la realidad. «Muchos de los plásticos que se etiquetan como biodegradables lo son en solamente determinadas condiciones. En el mar pocos son biodegradables. El costo ambiental que tiene su fabricación es incluso superior al de los plásticos derivados del petróleo», asegura Manuel Maqueda.

Solamente el 26% de los residuos son realmente reciclados; el resto se incinera o acaba en un vertedero

La gran pregunta es qué podemos hacer como consumidores para frenar esta situación. Cada vez hay más asociaciones o cooperativas que se preocupan por este fenómeno y dan consejos a los consumidores para que con gestos a pequeña escala puedan evitar un problema global. Así se fundó la pequeña cooperativa Sinplástico.es, un claro ejemplo de que vivir sin plástico es posible. «Hay muchos grupos que se preocupan por el mal uso del plástico, pero no había alternativas a todos los productos que nos rodean», cuenta Javier, uno de los tres integrantes de Sinplástico.es. «Se puede vivir sin plástico en el día a día, ya hay gente que lo está haciendo y nosotros mismo queremos dar ejemplo. Está claro que las ventajas del plástico existen, pero los de usar y tirar sí tienen alternativas. Son productos que solo apreciamos cuando llegamos a casa con todos los envoltorios y tenemos que deshacernos de ellos, ahí nos damos cuenta de la salvajada que estamos haciendo». Marión de la Porte, Javier Terros y Javier Barrias han puesto en marcha una serie de retos como cocinar sin plástico, olvidarse de las bolsas de plástico o poner la comida en recipientes saludables que ya son seguidos por 6.625 personas en tal solo un año. Para cambiar estos hábitos de consumo en el día a día es necesario un cambio de conciencia en la población que vendría de la mano de las 6R. «Lo primero es repensar si necesitamos lo que vamos a comprar, en segundo lugar hay que rechazar el plástico que nos regalan, pero también reutilizar, reparar, retornar, y en último lugar reciclar, pero claro ya lo estás tirando».

Tambaleros, ¿os unís al reto?

Una adaptación del artículo original escrito por Tamer Al Najjar Trujillo (@TamAlNajjar), estudiante de último curso de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, “Ahogados en plástico”, 2015. 

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